Aire {Kanon X Sorrento} – {Yaoi}

Sorrento se encontraba frente al inmenso mar, que a la vez que sereno también era poderoso.
Sus pies estaban descalzos, sus pantalones vaqueros eran doblados hasta la mitad de la pierna para que así el agua no los rozara o ensuciara, su espalda recargada sobre sus brazos que estaban hacia atrás sosteniendo todo su peso y sus cabeza recargada en su hombro, con los azules cabellos despeinados por el frio aire del atardecer.

A pesar de estar frente a un paisaje maravilloso, observando y deleitándose con una de las más maravillosas vistas naturales que el mundo podia ofrecerle a cualquiera, no podia ser menos infeliz. Ese paisaje, lleno de belleza y misticismo, era el paisaje mas triste que a su corta edad podría presenciar.

Era el paisaje, justo el mismo, idéntico solo con un año mas, era el mismo que habia presenciado cuando aquel hombre le abandono.

Cuando la infelicidad, la humillación, la desdicha, el coraje, los celos y una mezcla de todos los sentimientos negativos que el hombre pudiera poseer se hicieron presentes en su corazón y dia con dia, desde que se levantaba, hasta que el sueño por fin lo lograba embargar lo torturaban; e inclusive alguna que otra noche hacían su aparición en sus sueños, o mas bien pesadillas, con aquel hombre que se encontraba o mas bien, se encontraría dentro de poco atrás de el, pues sabia a la perfección que estaría buscándolo y que iría a ese sitio. El podia equivocarse en muchas cosas, pero en eso no, por que ese era su lugar. Solo suyo.

Y a pesar de que se encontraría con el, de saber que en esos momentos lo buscaba como un loco suicida y desesperado, a pesar de saber que en un tiempo se amaron y que después de un año el antiguo amante estaría de nuevo a su disposición; seguía llorando.
Seguía llorando por que, si ese hombre iba allí y lo confrontaba, no significaría nada mas que el seria de nuevo utilizado. Y el ya no quería eso. Y por eso lloraba.
Las lágrimas, las tortuosas lágrimas seguían bajando por sus mejillas albinas, provocándole dolor y solo más dolor a aquel muchachillo que una vez descubrió con una rapidez fenomenal lo que era el amor. Y con esa misma rapidez, habia descubierto lo que era el odio hacia.
Y lo increíble de todo es que era hacia la misma persona.

Murmuro su nombre y apretó con más fuerzas la fotografía que tenía entre sus finos dedos, clavándose en las palmas las uñas, sacándose un poco de sangre, provocando en su cuerpo mas dolor, pero ni siquiera eso a el ya le importaba.

-¿Por qué has vuelto?-chillo a la nada frente de si, recibiendo como respuesta el rugido furioso de una ola que se azotaba contra unos peñascos, que atreves de los años habían cambiado su forma, su ser, su todo; como el.

-¿Por qué has vuelto?-chillo de nuevo, con rabia, con dolor, y sobretodo con humillación. Aquella invitada indeseada para todo aquel que alguna vez habia amado, y que ahora, solo recibía migajas de un ser que no lo habia amado, aunque pudiese jurar por su vida, que si.

-¿Por que he vuelto?-pregunto una voz masculina unos pasos atrás de el -Creo que ambos sabemos las razones.

-¿Por qué tu antiguo amante ya no te soporto mas a pesar de ser su misma sangre? ¿O por que vienes a buscarte uno nuevo?-dijo sarcásticamente para después echar una risotada y deshacerse de esa cómoda posición, para abrasarse así mismo, protegiéndose del frio.

-¿Sabes? El llorar solo te hace daño- contesto aquel peliazul que se encontraba en la misma posición, sin intenciones de moverse. -Y el esconder tus lágrimas es peor.

-Yo no escondo nada- quiso responderle con mas ganas, ofenderlo pero no pudo, hacerle sentir aunque sea una mínima parte de lo ofendido que el se sentía. En esos momentos solo tenia ganas de esconder la cara entre los brazos, recargarse en sus piernas y llorar. Llorar amargamente, rasparse la garganta con sonoros aullidos como aquellos que gritaba cuando de verdad ya no podia mas, ahogarse en sus propias lagrimas, ser vencido por el dolor y dormir profundamente. Y cuando por fin se levantara, descubrir que todo no habia sido más que una absurda pesadilla.

-Si de verdad no escondes nada, no te costara trabajo mostrarme tu rostro. Aquel rostro que tanto tiempo he dejado de ver-siguió su interlocutor

-Dices eso como si por mi culpa te hubieras ido. Como si yo te hubiera obligado a irte. Aunque el hecho de que te vayas o no, te quedes sin verme o no, no me importa en absoluto. Y si te hubieses ido por mi culpa…-ya no supo como continuar, y por eso prefirió callar, mirando de nuevo al horizonte.

-¿Cómo termina esa oración? ¿Estas seguro de que ya no te importa nada de mí?

-Si, estoy seguro. Ademas ¿Por qué habría de importarme? Tú y yo solo somos antiguos compañeros de batalla que fueron vencidos y tiempo después hicieron sus vidas como seres normales, nada más. No creo que tenga que importarme alguna cosa tuya. ¿O si?

-Por favor, no hagas como si no hubiera pasado nada entre nosotros. No te hagas el desinteresado que ese papel no te queda Sorrento…-

-¡CÁLLATE! ¡NO TE ATREVAS A PRONUNCIAR MI NOMBRE!-por fin estallo. Por fin le grito y en ese grito, pudo demostrar una parte de lo que habia estado callando.

-Entonces no lo hare-respondió el otro sin inmutarse-Pero de todas formas, mírame a la cara. Si lo haces, te prometo que te dejare de molestar.

-¿Sabes? Si quieres pueden quedarte allí por todo el tiempo que gustes, de todas formas yo ya planeo irme. Ademas, ¿Qué ganas tu con verme el rostro?

-¿Que gano?-contesto burlonamente pero escondiendo el coraje y la culpa tras las palabras ya dichas-Mas de lo que he perdido, mucho mas de lo que ambos dejamos perder.

-Déjame corregirte Kanon. Yo no deje perder nada, fuiste tu el que lo perdió todo-suspiro fuertemente y continuo-Yo, que no tenia nada contigo no perdí nada cuando te fuiste, cuando te juntaste con ese hombre. Más en cambio tú, que sentías que aquí tenías un IDIOTA que te estaría esperando para siempre cuando te dieras cuenta de que ese hombre solo te utilizaba para tener sexo y ya; perdiste a ese idiota. De hecho, yo conocía ese idiota mejor que nadie y supe en el momento en que murió.

Un mutis de silencio recorrió la escena del reproche de un joven a su mayor amante. La arena de la playa se corrió un poco pues una ráfaga de viento repentino se hizo presente y nadie supo que decir.

Uno de los “contrincantes”, mas exactos, Sorrento ya habia dicho todo lo que quería expresarle a ese hombre que tanto lo habia lastimado.
Por el otro, Kanon sabia que su joven amor tenia razón. Que esas palabras estaban dichas con todas sus letras y que el, tenia que aceptar que lo habia lastimado, que lo habia herido profundamente.

Y es que ambos habían sido amantes.
O más bien, habían sido pareja.

-¿Por qué Kanon? ¿Dime por que?-suplico el menor, ya de pie pero sin darle la cara al Geminiano.

-¿Por qué que? ¿Por qué me enamore de ti? ¿Por qué me deje hechizar por ti? ¿Por qué…?

-¡Idiota! Bien sabes que no me refiero a esas preguntas, que mas bien son mentiras.-le reprocho, pues en su interior, aunque le gustasen el sabia que eran falsedades.

-Déjame aclararte algunas cosas, “niño”-contesto un tanto alterado ya, pues aquella situación o estaba poniendo mas tenso; y a sabiendas de que el apodo “niño” le molestaba de sobremanera a Sorrento.-El que tu creas que todo lo que tuvimos haya sido una mentira y pases por alto todo lo que vivimos, no significa que lo hayan sido, por mas que tu te empeñes en recordarlos como tal.

-Si, como digas…-contesto Sorrento, limpiándose con el dorso de la mano las lagrimas que seguían silenciosas cayendo por su cara hasta perderse en su pecho.

-¿Y que es lo que querías decirme?-pregunto Kanon con una naturalidad y frialdad, que quien lo escuchase no supondría el pleito interno que ese hombre tenia que enfrentar en esos momentos. Una batalla con un ganador inesperado.

Sorrento sin mirarlo aun, ya habia comprendido la actitud y posición de aquel hombre pero aun así, quería alargar mas esa platica. Todavia, y en contra de sus prejuicios, le gustaba escuchar esa voz potente y varonil, aunque también seductora y penetrante como si fuera seda; y entonces, se decidió a seguir el juego.

-Por que…-se detuvo con la boca seca. Aun sabiendo lo que iba a decir, le dio un poco de miedo. Miedo a ser rechazado, a ser ofendido y sobretodo: a que sus supersticiones se hicieran ciertas

-Si…-alentó Kanon, mientras veía la silueta de Sorrento contorneada por un haz de luz anaranjada, efecto que el astro rey provocaba en los objetos cuando se ocultaba.

<< ¡Díselo! ¡Anda! ¡Pregúntale por que te abandono! ¡Por que te dejo! ¡Por que se fue con otro! Por que… por que… >> Se urgió interiormente Sorrento, con un nudo en la garganta ya que las lagrimas se empezaban a acumular en sus ojos de nuevo. Pero, la vida, aun poseyendo solamente dieciséis años le habia enseñado una cosa muy valiosa, mucho más que aquellas enseñanzas que tuvieran muchos viejos: A enfrentar sus miedos

-¿Por qué me dejaste?-soltó sin más, decidido a saldar ese asunto por fin.

-Las razones, son tantas que ni yo mismo lo comprendería-acepto por fin Kanon, pero aquella respuesta no fue suficiente para Sorrento, que necesitado de librarse de aquella condena impuesta por el mismo, así que insistió.

-Pero aun así no me dijiste por que te fuiste. Simplemente, un dia te decidiste a ir y después, ya nadie te pudo detener. Te fuiste… y me dejaste muy solo-

-Sorrento yo…

-¿Sabes, Kanon? En esa época… yo estaba perdido, necesitaba de ti para poder respirar… te amaba con profunda locura y cada dia, solo me dedicaba a pensar y a orar solo por ti… solamente en eso

-¿Y ahora?-quiso saber Kanon y escuchar una frase que desde hace un año atrás no habia escuchado

-Te sigo amando igual, pero no se si tu, me ames a mi de la misma forma. Es mas, no se si me sigas amando-concluyo Sorrento, con las esperanzas perdidas

Se dio la media vuelta y camino en dirección contraria a la puesta del sol. Paso junto a Kanon, quien no vio el color de sus ojos pues el flequillo le tapaba un tanto el rostro, pero si vio algo: una lágrima.

En el momento justo, el Kanon levanto la cara y haciendo uso de su velocidad, logro aprisionar a Sorrento entre sus morenos brazos…

-Tienes razón Sorrento, ya no te amo como antes-y antes de que Sorrento pudiera protestar el concluyo-Ahora, te amo mas que nunca…

Aquellas palabras llenaron de una amarga felicidad el corazón de Sorrento.
Y Aquellas palabras hicieron que Kanon tuviera paz en su espíritu.

Con un hábil movimiento, giro su estilizado aunque no débil cuerpo sin deshacerse del abrazo y encaro a su antiguo amor.
Su nuevo amor.

-Perdóname Sorrento, quise alejar la Guerra de Hades de ti, pero lo unico que logre hacer fue traerte pura infelicidad y soledad-

-No, perdóname a mí… Por negar que te habia amado…-

-Sorrento…-

-Kanon…-

El mayor, tomo de la barbilla al chico y pudo ver finalmente sus ojos. Limpio sus lágrimas y beso su boca con real pasión, con verdadero deseo, con amor.

Sorrento le correspondió de la misma manera, dejándose llevar por esos calientes besos y esas expertas manos, que lo podían llevar al paraíso.

Ambos amantes, se desnudaron en la playa y volvieron a conocer sus cuerpos, reconociéndose y fundiéndose en aquel ritual de amor, muy bien conocido por los amantes.

*******

La noche ya habia caído. Un manto negriazul lleno de estrellas cubría a los dos amantes, que ya se habían vestido y descansaban abrazados, uno del otro. El silencio los arrullar a ambos.

-Prométeme que ya no lo harás-rompió Kanon el silencio, con el chico apoyado sobre el

-¿El que?-pregunto desconcertado Sorrento, interrumpiendo las caricias y levantándose un poco para observar el rostro del Geminiano.

-Ya no te “lastimaras” mas-dijo, y por toda respuesta bajo su mano hasta el brazo del chico y paso un dedo por una profunda herida que era acompañada por otras mas.

-Te lo prometo-contesto, regresando a su lecho. Pero después, agrego con rapidez-Siempre y cuando tu me lleves a donde vayas, por que odio estar sin ti.

-De acuerdo, mi amor.-contesto besando la frente del menor.

Y en esa posición, ambos amantes disfrutaron del sabor del nuevo encuentro, después de saberse perdonados el uno por el otro y de saberse dueños del corazón de su pareja.

El sol, el astro rey habia sido el unico testigo de aquel enfrentamiento, sin en cambio la luna, La Hija de la Noche, habia atestiguado la reconciliación.

Y la arena de la playa y las olas del mar, habían sido testigos de aquella alquimia.

El aire ya habia dejado de soplar… Y el aire… A ellos eso ya no les importaba.

Published in: on septiembre 4, 2008 at 5:08 am  Comments (1)  
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